Hablar del estilo fílmico de Steven Spielberg resulta hasta cierto punto ocioso, su nombre y su manera de filmar de sobra es conocido. Se puede decir que es un hombre que entiende el sentido comercial del cine, pero no por ello deja de lado ciertas convicciones que se pueden vender bien y que también son capaces de generar atención por su contenido.
El tema de la libertad y su conquista ha sido una constante en su filmografía (Libertad, Munich, La lista de Schindler) en donde se busca legitimar la autodeterminación, el análisis de la historia, y desde luego una intrepretación de los hechos que, a título personal, hay que leer con cuidado por los intereses sociales que pueden relacionarse.
En esta ocasión Spielberg aborda un retrato de uno de los personajes más interesantes y profundos en la mística norteamericana, pero su acierto no está, me parece, en la elección de Abraham Lincoln como su vehículo ideológico, sino desde el enfoque que logra.
Me parece que Spielberg mueve con astucia el sentido de su película dejando de lado la tentación de grandes descripciones y evidencias de la guerra. Pese a que da muestra demoledoras de la barbarie de la guerra civil (campos de combate o fosas de piernas amputadas) las más de dos horas de la cinta se centra en el proceso político de la joven nacióna americana.
A lo largo de la cinta es que podemos apreciar las disputas legislativas, las presiones negociadoras por votos a favor de la abolición de la esclavitud, discursos alejados de una moralidad ingenua, aunque también fragmentos de arengas que forman parte de la vena patriotica de los vecinos del norte. La cinta puede servir para un propedeútico de relaciones internacionales, o de negociación, por ejemplo.
Mención aparte es hablar de tres figuras que alternan los tiempos de la cinta. Daniel Day Lawis logra armar un Lincoln que proyecta la pasada loza de la construcción de una nación, lejos de estéticas heroícas nos permite ver al lider cansado, agobiado, divertido, un tanto locuaz, en suma, un retrato humano que crea empatía con el espectador.
Del mismo modo, Tommy Lee Jones logra un personaje críptico, capaz de generar la sorpresa, un adelantado de su tiempo y de su intimidad; así como el papel de Sally Field, esposa de Lincoln, que logra crear un personaje que confirma la creencia de que si la guerra fuera liderada por las mujeres normalmente sería en cualquier lugar, menos en un campo de batalla.
Lincoln es una cinta interesante, pero exige concentración del espactador, reconocer hechos y personajes, estar atentos a los cambios ideológicos y de emociones, de un líder cercano a la gente, sin tanta estructura burocrática, con familia, con dolores y con debilidades. Spielberg logra un retrato, una estampa, original de uno de los grandes totems de la cultura americana.
